lunes, 16 de abril de 2012

16. Ecos de la Pascua


Durante esta semana algunos ecos de la pascua en forma de palabras, testimonios, signos, preguntas, oraciones, presencias y silencios resuenan en mi mente y en mi corazón. Sabiendo de mi memoria de pez quiero dejar escritos algunos de ellos y de paso compartirlos con vosotros.

Palabras….
“Así como estoy soy enviado”: con mis cruces (no elegidas) soy enviado a anunciar la Buena Noticia.
Dios nos ha prometido que ante toda ocasión “Yo estaré contigo”.
La reconciliación: Reconocer el pecado, más allá de  que nuestra imagen queda dañada (fase narcisista) y de no haber hecho lo correcto (fase ética). David reconoce haber pecado contra el Señor cuando se convence de haber fallado en la relación, al no haber correspondido a tanto Amor.
Dios nos perdona antes de que se lo pidamos (hijo pródigo, adúltera, paralítico,…)
En Getsemaní y la pasión Jesús se sostiene por FIDELIDAD a DIOS y su decisión por permanecer y amar esta opción hecha ¿Qué me dice, hoy y aquí, la radicalidad del amor de Jesús?: ¿a quién elijo amar?; ¿a quién elijo no amar?
El juego de perder/ganar (Mc 8, 34-37):
·         Seguir a Jesús supone un deseo sincero pero al seguidor se le ponen dos condiciones: “que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz”. Por eso, si queremos emprender el seguimiento, debemos preguntarnos por nuestra disposición a aceptar las condiciones puestas por él.
·         Jesús no ofrece más garantía que un “por mí y por el evangelio”, que convierte a su persona en la referencia última y definitiva. Recurre al término de ganancia pero, como en un juego de despropósitos, pérdida y ganancia han intercambiado sus papeles y hay que entenderlas al revés, sin más apoyo ni garantía que la propia palabra de Jesús y su modo peculiar y selectivo de interpretar la vida.
·         “Realizarme” no consiste en realizar la imagen que busco o que pretendo representar ante los demás, sino convertirme en alguien que se define fundamentalmente por el hecho de caminar “detrás de Otro” y dejarle que sea Él quien señale por qué caminos alcanzar la salvación.


Testimonios…
La sabiduría, profundidad, cercanía y ternura de Dolores. El testimonio “entre bambalinas” de las Religiosas del Sagrado Corazón que la acompañan sin las que esta Pascua no hubiera sido posible (¿Cómo son capaces de recordar tantos nombres?)
La gran cantidad de personas involucradas en las diversas actividades, la entrega de los monitores-catequistas, el testimonio de los padres de las trillizas, con esa serena y amorosa paciencia que tanto me ha interpelado.
Las miradas cómplices, las alegres carcajadas y las conmovedoras lágrimas de muchos con los que tan siquiera mantuve una sola conversación.
Mis hijos: Samuel cantando “El amor lo cura todo” y M. Elena con el “Hágase, hágase, de Dios me fío, todo irá muy bien” (lo reconozco, se me caía la baba observándolos…)

Somos enviados…
 Muchas han sido las presencias del Resucitado en estos días, solo que a mí me pasa como a los discípulos que iban a Emaús, que cuando ya Jesús no está con ellos comentan: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 32)

Quiero terminar recordando que cuando hacíamos pan nos enseñaron que la sal no sólo potencia el sabor de los alimentos sino que también es fungicida. Y precisamente me acordé de ello en el momento del envió al recordar el evangelio “Vosotros sois la sal de la tierra, y si la sal se desvirtúa ¿con qué se salará?”(Mt 5,13)

¡¡Feliz Pascua de Resurrección a todos y todas!! Nuria.

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